La salud de las encías importa desde la infancia.
Y casi nadie habla de ello.
La caries no es la única amenaza
Cuando llevamos a un niño al dentista, los padres solemos hacer la misma pregunta al salir de la consulta: «¿tiene caries?». Es la pregunta correcta, y la preocupación detrás de ella también lo es. Pero existe otro problema que afecta a los dientes de los niños desde muy pequeños, que se ve poco y que casi nunca genera esa misma alarma: las enfermedades de las encías.
Las encías enferman en los niños. Y cuando lo hacen, pueden hacerlo de formas muy distintas: desde una inflamación leve que sangra al cepillar, hasta formas más serias que afectan al hueso que sostiene los dientes. La mayoría de los casos son perfectamente manejables si se detectan a tiempo. Pero para eso hace falta, primero, saber que existe el problema.
¿Cuántos niños tienen problemas de encías?
Más de los que imaginamos. Según datos recogidos en la literatura científica, la gingivitis —la forma más común y más leve de enfermedad de las encías— afecta a más del 70% de los niños mayores de siete años en algún momento de su infancia. No es una cifra puntual ni de un solo país: aparece sistemáticamente en estudios de distintas poblaciones.
Dicho de otra forma: si tu hijo tiene más de siete años, hay muchas probabilidades de que en algún momento sus encías estén inflamadas, aunque no digan nada, aunque no se quejen, y aunque tú no lo veas a simple vista.
¿Qué tipos de problemas de encías pueden tener los niños?
No todas las enfermedades de las encías son iguales, ni tienen la misma gravedad. Para entenderlas mejor, vale la pena conocer al menos las más frecuentes.
La gingivitis crónica: la más frecuente, y la más manejable
La gingivitis crónica es la inflamación de la encía que rodea los dientes. Su causa principal es la placa bacteriana: esa película invisible que se forma continuamente sobre los dientes y que, si no se elimina bien con el cepillo, irrita e inflama el tejido de las encías.
¿Qué ves en casa si tu hijo la tiene?
- Color alterado: las encías tienen un color más rojo de lo habitual, especialmente en el borde que toca al diente.
- Sangrado leve: al cepillarse los dientes, escupe con un poco de sangre o el cepillo aparece manchado de rosa.
- Hinchazón: las encías parecen hinchadas o redondeadas en lugar de tener ese aspecto fino y ajustado al diente.
- Mal aliento: puede haber mal aliento de forma persistente, incluso después de cepillarse.
La buena noticia es que la gingivitis crónica responde muy bien al tratamiento. Con una higiene correcta en casa y las limpiezas adecuadas en la consulta dental, las encías pueden recuperar su salud completamente. Hay factores que la agravan, como el aumento de hormonas en la pubertad, los aparatos de ortodoncia (que dificultan la limpieza) o ciertos fármacos de uso crónico.
Formas más serias: la periodontitis en jóvenes
Existe también una forma de periodontitis que puede aparecer en niños y adolescentes por lo demás sanos, afectando ya no solo a la encía sino al hueso que sostiene los dientes. Es menos frecuente que la gingivitis, pero no por ello menos importante. Se caracteriza por una pérdida de hueso más rápida de lo esperado, y tiende a afectar inicialmente a los primeros molares y a los incisivos de la dentición permanente.
Lo que hace especialmente relevante esta forma de periodontitis es que puede pasar desapercibida: la encía puede no estar muy inflamada, la cantidad de placa puede ser escasa, y el niño no siente dolor. El daño se produce silenciosamente.
¿Qué pasa si no se trata?
La enfermedad periodontal no tratada en la infancia no desaparece sola. Las consecuencias de no tratar a tiempo incluyen:
- Pérdida de hueso: pérdida de hueso alrededor de los dientes, que compromete su estabilidad a largo plazo.
- Retracción de la encía: hace que los dientes «parezcan más largos» y expone las raíces, generando sensibilidad y un problema estético.
- Mal aliento crónico: con el impacto social que eso conlleva en edades en las que la imagen importa tanto.
- Movilidad dental: en los casos más graves, puede producirse movilidad e incluso pérdida de dientes en edades muy jóvenes.
- Riesgos sistémicos: existe evidencia que vincula la salud periodontal con la salud general, como en el caso de la diabetes.
¿Qué puede hacer el dentista? ¿Y qué puedes hacer tú en casa?
La mejor noticia de todo esto es que la gran mayoría de los problemas de encías en niños y adolescentes tienen solución. La solución más poderosa es la higiene:
- Cepillado correcto: dos veces al día, durante al menos dos minutos. Hasta los 10-12 años, los niños necesitan supervisión y ayuda de un adulto.
- Uso del hilo dental: o de cepillos interdentales adaptados a su edad y anatomía dental. La placa entre los dientes es inaccesible para el cepillo.
- Observación activa: si ves que sus encías sangran al cepillarse, están hinchadas o muy rojas, pide cita con el dentista.
En la consulta, el tratamiento de la gingivitis crónica comienza con una limpieza profesional (profilaxis) seguida de instrucciones personalizadas. En casos de periodontitis avanzada, se incluyen procedimientos más específicos o antibióticos sistémicos. Los jóvenes tienen una extraordinaria capacidad de regeneración y responden muy bien a los tratamientos.
Señales que justifican consultar pronto
Aunque la mayoría de casos son gingivitis reversibles, hay ciertos signos que merecen una valoración rápida:
- Pérdida de piezas de forma inusual: tu hijo pierde dientes de leche antes de lo esperado, sin que haya una causa aparente.
- Inflamación severa: las encías tienen un aspecto muy inflamado alrededor de muchos dientes a la vez.
- Movilidad sin causa: hay movilidad dental sin que haya habido ningún golpe.
- Enfermedades subyacentes: tu hijo tiene diabetes tipo 1, síndrome de Down u otras condiciones sistémicas.
- Antecedentes familiares: historial de periodontitis severa o pérdida de dientes joven en la familia.
Un mensaje final para los padres
La caries y las enfermedades de las encías no son rivales que compiten por nuestra atención: son dos problemas distintos que merecen igual vigilancia. Con la caries el niño suele notar dolor que activa la alarma; con las encías, el proceso puede avanzar sin que nadie lo perciba. Revisiones periódicas, higiene bien supervisada y ojos abiertos ante los pequeños signos marcarán la diferencia para el futuro dental de tus hijos.
Fuente científica: Oh T-J, Eber R, Wang H-L. Periodontal diseases in the child and adolescent. J Clin Periodontol 2002; 29: 400–410.





